Es importante que las ideas y los conceptos no se nos olviden si aún tienen vigencia. A veces conviene refrescar temas, como es el caso de la forma que se siguen presentando algunos productos en su publicidad (hablo de publicidad convencional, más precisamente de televisión) en la que acabo de ver otros dos ejemplos de desviación de la personalidad de un producto.
Yo, y casi todo el mundo los conocíamos de una forma, ahora resulta que “comunican” de otra por obra y gracia de algún creativo o por los departamentos de marketing de las marcas. No está muy bien eso de travestir a los productos. ¿Hace falta? Hace ya mucho tiempo que el producto ha dejado de ser (si alguna vez lo fue) “una cosa” o “un objeto” que sirve para algo.
El producto es él y sus circunstancias; un ente con personalidad propia, con su nombre, su fecha de nacimiento y su carnet de identidad. Posee una carga emotiva y cumple una función en la vida. ¡Qué casualidad, como nosotros! Y hasta tiene una lengua propia, una forma de hablar, de comunicarse con sus amistades (los consumidores) que le son fieles. Y además busca nuevos amigos. Por eso, no debemos traicionarlo. More…